Debates científicos
La obra de Alfred Tomatis ocupa una posición singular: ampliamente difundida y aplicada en numerosos países, nunca llegó a integrarse plenamente en la medicina académica, y el alcance científico de sus trabajos sigue siendo objeto de discusión. Presentar esta obra supone exponer también, sin eludirlas, las reservas y las críticas que suscitó, así como las relecturas contemporáneas que reevalúan algunas de sus intuiciones.
Un reconocimiento parcial, reservas persistentes
Ya desde los años 1950, las propuestas de Tomatis encuentran a la vez interés y hostilidad. El «efecto Tomatis» —la dependencia de la emisión vocal respecto de la audición— se confirma experimentalmente y recibe su nombre en la Academia Nacional de Medicina en 1957, en la comunicación de Raoul Husson (véanse los Archivos). No obstante, esta validación atañe a un hecho preciso de fisiología audio-vocal, y no al conjunto del método terapéutico que de él se derivará.
En lo demás, la relación de Tomatis con la medicina institucional permanece tensa a lo largo de toda su carrera —una tensión que él mismo databa en 1952, y que culminó con su dimisión del Colegio de Médicos en 1976—. Las aplicaciones clínicas de la audio-psico-fonología, extendidas con el tiempo a los trastornos del aprendizaje, del lenguaje y de la comunicación, no fueron objeto de un reconocimiento comparable al del efecto fisiológico inicial. La crítica principal es de naturaleza metodológica: la eficacia clínica reivindicada se apoya sobre todo en observaciones y relatos de casos, y no en ensayos controlados que respondan a las exigencias de la medicina basada en pruebas.
Esta reserva se expresó del modo más tajante el 20 de noviembre de 1989: en un dictamen dedicado a las medicinas no probadas, la Academia Nacional de Medicina estimó que el método Tomatis no presentaba «ningún carácter serio desde el punto de vista científico» y que sus resultados «nunca pudieron ser comprobados de manera precisa y siguen siendo muy discutibles».
La evaluación contemporánea de las pruebas
A medida que el método se aplicó a públicos vulnerables —en particular niños que presentaban trastornos del desarrollo—, entró en el ámbito de la evaluación de las prácticas asistenciales. Los enfoques de estimulación auditiva emparentados (entrenamiento auditivo, método Tomatis) fueron así examinados por organismos de evaluación, que concluyeron la insuficiencia de pruebas de eficacia a la luz de los criterios de la evidence-based medicine.
En Francia, las recomendaciones de la Alta Autoridad de Salud dedicadas al autismo y a los trastornos generalizados del desarrollo (marzo de 2012) ilustran esta posición: precisan que «las prácticas llamadas de “integración auditiva”, entre ellas el método Tomatis, se han revelado sin efecto; no se recomiendan».
Estas reservas se refieren al nivel de prueba, no necesariamente a la ausencia de efecto: significan que la eficacia terapéutica no ha sido establecida según los estándares metodológicos actuales, e invitan a la prudencia en las indicaciones clínicas.
Una relectura contemporánea: el oído y la plasticidad del cerebro
Si la evaluación por las pruebas sigue siendo reservada, algunos trabajos recientes en neurociencia han releído las intuiciones de Tomatis bajo una luz nueva. El psiquiatra canadiense Norman Doidge, en The Brain That Changes Itself (2007) y luego en The Brain’s Way of Healing (2015), inscribe el enfoque de Tomatis en el marco de la neuroplasticidad —la capacidad del cerebro para remodelarse bajo el efecto de la estimulación—.
Doidge sitúa a Tomatis entre los «revolucionarios silenciosos» de la medicina y considera que su obra padeció el no encajar con el modelo mecanicista del cerebro dominante en su época —el de una máquina con piezas especializadas, irreparables una vez rotas—. Refiere varios casos surgidos de la práctica del método (entre ellos el de Paul Madaule, convertido en practicante tras haber sido su paciente, y el de los monjes benedictinos de En-Calcat —véase el testimonio dedicado—) y sostiene que la idea central de Tomatis —el oído como puerta de entrada privilegiada para estimular y «recargar» el cerebro— encuentra eco en la comprensión actual del papel de la estimulación sensorial. Esta relectura no equivale a una demostración clínica, pero devuelve a la obra una coherencia y un interés que la sola controversia sobre las pruebas tiende a ocultar.
Una obra que debe sostenerse con ambas manos
Hacer justicia a Alfred Tomatis supone sostener juntas dos constataciones. Por un lado, una intuición fecunda sobre el vínculo entre la escucha, la voz y el lenguaje, una parte de la cual —el efecto audio-vocal— ha sido establecida, y cuyo espíritu encuentra hoy un apoyo en las neurociencias de la plasticidad. Por otro, un edificio terapéutico cuya eficacia, a falta de ensayos controlados, no ha recibido la validación que exige la medicina basada en pruebas. Es en esta brecha —entre una influencia real y una prueba ausente— donde se sitúan los debates científicos en torno a su obra.
Fuentes: Academia Nacional de Medicina, sesión del 20 de noviembre de 1989; Alta Autoridad de Salud, recomendaciones sobre el autismo y los TGD (marzo de 2012); Norman Doidge, The Brain That Changes Itself (2007) y The Brain’s Way of Healing (2015).