Artículo de Muriel Frat aparecido en Le Figaro el 27 de julio de 2009, con motivo de la emisión del documental «Un jour, un destin» dedicado a Gérard Depardieu. Recuerda el episodio en que el joven actor, enviado por el director de escena Jean-Laurent Cochet al profesor Tomatis para tratar sus problemas de dicción, habría salido transformado.

Le Figaro — 27 de julio de 2009 (programación televisiva)

Las heridas del alma de Gérard Depardieu

«Un jour, un destin» — El hermano mayor del actor y sus amigos trazan el retrato de un hombre complejo, profundamente marcado por su infancia.

A un monstruo sagrado del cine francés se enfrenta esta noche Laurent Delahousse en el programa «Un jour, un destin». Un actor inmenso, pero también un hombre frágil cuyas heridas de infancia nunca se cerraron del todo. El retrato trazado esta noche se apoya en testimonios de primera mano, de allegados del actor, como su hermano mayor y amigos de la infancia de Châteauroux.

«Laurent Delahousse llevó a cabo una gran labor de convicción con Gérard Depardieu para que no incitara a sus allegados a negarse a hablar —explica Benoît Bertrand-Cadi, el realizador del documental—. Hace unos años, Capa había intentado hacer una película sobre él, pero había prohibido a sus amigos que se expresaran. Al contrario de lo que se cree, está muy atento a su imagen, vigila todo lo que se difunde sobre él.»

Dedicada a sus primeros años en Châteauroux, en una familia modesta —su padre es obrero, su madre ama de casa—, la primera parte del documental sienta las bases de toda la vida de Gérard Depardieu. Alain, su hermano mayor, describe a un padre alcohólico y disputas memorables entre marido y mujer. Cuando tenía unos diez años, la madre de Gérard le habría confesado que no era un niño deseado. Es en ese momento cuando se remontaría esa grieta que influirá en toda su vida.

Joven golfo rebelde

Una vida agitada que se parece, en la adolescencia, a la del personaje de Jean-Claude que interpretó en la película Les Valseuses. Las correrías por los bares, las peleas, los tráficos de todo tipo con la base americana de Châteauroux, el trato con prostitutas: Gérard Depardieu tenía todo para convertirse en un cabecilla de provincias. Pero la muerte de su mejor amigo en un accidente de coche cambiará el curso de su destino. Se echa a los caminos, ejerce un montón de pequeños oficios. Y va a parar a París, donde reencuentra a unos colegas que siguen clases en el Théâtre Édouard-VII. Su primera audición es un fracaso estrepitoso: balbucea, tropieza con todas las palabras. Pese a todo, el director de escena Jean-Laurent Cochet cree en él y lo envía a tratar sus problemas de dicción al profesor Tomatis, que ha puesto a punto un método con ayuda de aparatos sofisticados.

Valérie Drouot, responsable del centro Tomatis, cuenta que Gérard Depardieu «estaba totalmente bloqueado a nivel vocal. No tartamudeaba propiamente dicho, pero tenía problemas de fluidez». El joven golfo rebelde sale transformado. Su memoria se desarrolló, su vocabulario se enriqueció. Rueda con Gabin en L’Affaire Dominici, se casa con una chica de la buena burguesía, funda una familia. Pero ni el amor ni la gloria conseguirán borrar las cicatrices de la infancia.

France 2 — Esta noche a las 22:50.


Fuente: Muriel Frat, «Las heridas del alma de Gérard Depardieu», Le Figaro, 27 de julio de 2009. © Le Figaro, todos los derechos reservados.