Música y musicoterapia, música filtrada y pedagogía
Música y musicoterapia, música filtrada y pedagogía — III Congreso Internacional de audio-psico-fonología, Amberes 1973 (comunicación de Paul Madaule)
Comunicación de Paul Madaule (Centro del Lenguaje, París) en el III Congreso Internacional de audio-psico-fonología celebrado en Amberes en 1973, dedicada a la música filtrada y a la pedagogía psico-sensorial en niños que presentan trastornos de la comunicación.
Música filtrada y pedagogía psico-sensorial en niños que presentan trastornos de la comunicación
La música parece estar presente allí donde el hombre se ha manifestado. Aparece como indisociable de la vida de este, como parte de sus necesidades vitales.
Pero ¿a qué necesidades puede entonces responder?
Si decidimos hacer un recorrido por la inmensa variedad de músicas que existen, podemos constatar que estas tienen un efecto más o menos poderoso sobre el comportamiento del ser, en un sentido de tonificación o, por el contrario, de disminución de las posibilidades vitales del ser.
Ciertas músicas relajan, otras, como las marchas militares, estimulan; existen músicas de danza que provocan la puesta en acción de los movimientos corporales; ciertos acompañamientos utilizados, por ejemplo, en algunas películas de cine tienen como objetivo suscitar toda clase de reflejos emocionales que van desde la ensoñación hasta la angustia, pasando por toda la gama de reacciones de la vida afectiva.
Podríamos prolongar a placer esta lista relativa a los géneros musicales que los hombres han utilizado en todos los tiempos para obtener efectos bien definidos sobre el comportamiento del ser.
Hechas estas constataciones, resulta interesante pensar que ciertos temas musicales pueden elegirse con fines terapéuticos para ayudar a determinados individuos aquejados de trastornos psicológicos y que presentan dificultades de comunicación con el entorno.
El objeto de esta exposición consistirá, en un primer momento, en presentar por una parte los géneros de músicas que parecen más apropiados para este enfoque terapéutico y, por otra, en señalar las condiciones en las que estas músicas pueden ser percibidas, oídas, escuchadas, integradas corporalmente.
En un segundo momento, intentaremos mostrar los efectos que puede provocar, en ciertas condiciones bien determinadas, la escucha de esta música sobre algunos niños aquejados de trastornos de la comunicación.
I — Las músicas con valor terapéutico
La vasta experiencia clínica del Profesor Tomatis le ha permitido constatar que, para tener un verdadero valor terapéutico, la música debía ser capaz de suscitar en el individuo un efecto de relajación a la vez que aseguraba la dinamización del ser.
Las que parecen más apropiadas para cumplir esta doble función son las obras escritas para ciertos instrumentos como el violín, por ejemplo, y que presentan características bien definidas que se encuentran muy a menudo en las composiciones de Mozart.
a) ¿Por qué las obras para violín?
El Profesor Tomatis ha observado que existen dos grandes categorías de sonidos: los sonidos de carga y los sonidos de descarga, los unos estimulando el dinamismo del ser, los otros disminuyendo considerablemente su potencialidad.
Ha constatado, entre otras cosas, que las personas que presentan dificultades de análisis y de integración auditiva de los sonidos tendían a ser fatigables, deprimidas, incluso ansiosas, manteniéndose la mayoría de las veces en una actitud de postración. En cambio, las que se beneficiaban de facultades de análisis de los sonidos más sutiles según ciertos procesos de integración se revelaban tónicas, relajadas y se presentaban de un modo muy distinto, con la columna vertebral en particular muy recta.
¿Cuáles son, pues, los procesos fisiológicos que se pueden evocar cuando se habla de sonidos de carga y de sonidos de descarga?
Veamos en primer lugar su acción a nivel del tímpano. Sobre la membrana timpánica se encuentra la única inervación cutánea del nervio neumogástrico, es decir, la única antena exterior del nervio principal de la motricidad involuntaria que controla gran parte del organismo y al que también se denomina el Vago, o décimo par craneal.
Ciertos sonidos provocarán la tensión del tímpano: son los sonidos agudos. Estando el tímpano tenso, la acción del neumogástrico se ve disminuida según un proceso que me resulta imposible desarrollar aquí por falta de tiempo. Esta inhibición parcial de la acción del décimo par deja en reposo toda la gama de órganos inervados por este: laringe, corazón, pulmones, vísceras, etc., y que, durante los estreses afectivos, han impreso fenómenos de angustia.
En un proceso inverso, se puede constatar que los sonidos graves no permiten que el tímpano se tense y dejan así que el neumogástrico, al que se ha llamado, como ustedes saben, el nervio de la angustia, continúe su acción distónica. Esto explica en parte por qué los sonidos agudos llamados de carga estimulan y desarrollan a quien sabe oírlos, mientras que el registro de los graves integrado en los sonidos de descarga aporta fatiga y ansiedad.
A nivel del aparato coclear del oído interno, las propiedades de los sonidos de carga y de descarga se encuentran igualmente a través de las acciones sobre las células de Corti. Estas células son mucho más numerosas en la membrana basilar a nivel de la localización de las frecuencias agudas (de 20 000 a 21 000 células), de modo que la transmisión cortical y la recarga en potencial eléctrico son mucho más densas en esta zona que en la zona de las frecuencias graves (donde no hay más que de 3 500 a 4 000 células). Los sonidos agudos darán por tanto más impulso nervioso y tendrán un efecto de recarga energética mucho más importante.
Esto explica el dinamismo de quien sabe escucharlos y la tendencia depresiva de quien no puede prestarles oído.
Por otra parte, las estimulaciones nerviosas provocadas por las frecuencias elevadas tienen también una acción sobre el aparato vestibular, órgano del equilibrio y, en el hombre, de la postura vertical. En efecto, el nervio vestibular está presente en todos los niveles de la columna vertebral por sus uniones con las raíces anteriores de la médula. Los impulsos nerviosos provocados por los sonidos participan, pues, por la vía vestibular, en el control del equilibrio, de los movimientos y de la verticalidad del individuo.
Todo esto nos lleva a pensar que los sonidos agudos son necesarios para la tonificación del ser. Ahora bien, el instrumento —o uno de los instrumentos— que emite más armónicos elevados es justamente el violín. Por eso ha sido elegido hasta ahora para dinamizar al ser dentro de las técnicas que utilizamos y dentro de ciertas obras muy específicas.
Es cierto que algunos músicos han sabido, más que otros, componer para violín e introducir así en sus obras sonidos de carga. Pero aún hace falta que esos sonidos se distribuyan de cierta manera; por eso deberá hacerse una selección entre los compositores y sus obras.
b) ¿Por qué se ha elegido a Mozart?
No basta con hacer oír a alguien una serie de sonidos de carga para relajarlo y dinamizarlo. En efecto, una música muy rica en frecuencias agudas pero cuyos ritmos son martilleados, sincopados, corre el riesgo de «estresar» al oyente.
Ritmos demasiado violentos como los de las músicas militares, o demasiado rápidos como los de Paganini, pueden aportar una carga cortical sin tener, no obstante, ningún efecto de relajación. La experiencia nos ha mostrado que el clavecín corría el riesgo de excitar, de poner nerviosas a ciertas personas, lo cual, por supuesto, no es el objetivo buscado.
Las músicas mejor adaptadas parecen ser las que van a estimular nuestros codificaciones neuronales rememorando procesos desarrollados durante la primera infancia, en el momento en que el sistema nervioso se impregna de todas las acciones del entorno.
El Profesor Tomatis ha emitido la siguiente hipótesis relativa al efecto de la música de Mozart sobre los sujetos sometidos a las técnicas audio-vocales. Ha pensado que este músico, que empezó a tocar y a componer hacia la edad de 4 o 5 años, imprimió muy pronto sus neuronas de la inspiración sónica y musical que lo inundaba.
Y toda su obra, incluso la compuesta durante los periodos más difíciles de su vida, parece ser así la proyección musical de los ritmos fisiológicos adquiridos durante su infancia y no marcados por las huellas de la personalidad.
La escucha de esta música va a provocar, en quien se deja impregnar de ella, una toma de conciencia de sus propios ritmos iniciales. El diálogo entre el organismo y la música va a suscitar una entrada en relación del individuo con su cuerpo y conllevar una armonización del ser.
Los estreses, los traumatismos, las rupturas que perturban tan fuertemente el organismo van a desaparecer así. El tema musical propuesto pondrá en marcha una reducción de los conflictos internos que se traducirá, a nivel de un desacondicionamiento, en una aceptación de sí mismo, una relajación y una apertura.
Pero no basta con hacer escuchar obras mozartianas interpretadas al violín para relajar y tonificar a quien se halla en mala postura. Precisamente no está en condiciones de escuchar verdaderamente ni de saborear profundamente esta música, puesto que no sabe tensar su tímpano ni abrir su oído a los armónicos elevados.
En ciertos casos, no oirá esas frecuencias; en otros, las recibirá con distorsión cuando sus posibilidades de análisis no sean buenas; el violín le parecerá entonces desagradable de escuchar. No sabrá captar de la pieza propuesta más que los sonidos de descarga y permanecerá fijado en el mismo estadio de no activación.
Es entonces necesario modificar su postura de escucha poniéndolo, por una parte, bajo Oído Electrónico y haciéndole escuchar, por otra, lo que hemos llamado «música filtrada».
c) ¿Por qué se filtra la música?
Para dirigir la escucha hacia las zonas específicas de la recarga cortical, se utiliza un filtro que permite modificar el suministro musical atenuando muy sensiblemente las frecuencias graves y polarizando la energía sónica sobre las frecuencias agudas.
En otras palabras, se eleva el centro de gravedad de la música; esta música elevada, enderezada, modulada, esculpida sónicamente, va, si se puede expresar así, a elevar en cierto modo el centro de gravedad del cuerpo humano, a enderezarlo, a encaminar al ser hacia su verticalidad para que esté en condiciones de ponerse realmente a la escucha de su entorno.
Esta remodelación completa de la música está muy lejos de representar lo que el oído tiene la costumbre de integrar a diario; además, se aleja considerablemente de la zona de las frecuencias fundamentales del lenguaje, portadora de cargas afectivas y vector de angustia. Lejos de las memorias de la existencia, la música filtrada ocasiona así desacondicionamiento y relajación.
d) ¿Por qué la necesidad del Oído Electrónico?
Para modificar la manera de oír, hace falta no solo modelar los sonidos como acabamos de ver, sino además preparar la postura de escucha modificando el receptor de esos sonidos: el aparato auditivo. El oído de quien no sabe ponerse a la escucha no sabrá integrar por sí mismo la música filtrada. Para obtener los efectos que buscamos, será necesario abrir las puertas que deben conducir a las zonas sagradas del oído interno donde se halla el haz de los armónicos elevados.
Esas puertas se abrirán en la medida en que los músculos del oído medio desempeñen su papel de regulación y de adaptación. Es entonces indispensable recurrir al Oído Electrónico para obtener esa gimnasia auditiva que permite un análisis correcto de los sonidos de carga. Solo en estas condiciones obtendremos los efectos buscados.
Por el condicionamiento que provoca, el Oído Electrónico va a permitir al sujeto ponerse en todo momento y de manera automática a la escucha de los armónicos elevados de cualquier fuente sonora.
Gracias al proceso que entrena a la membrana timpánica a saber tensarse, el sujeto se volverá dueño de las contrarreacciones del neumogástrico y permanecerá así relajado.
Sabiendo perfectamente abrirse a los sonidos de carga, su oído resultará no solo un aparato destinado a la escucha, sino que además se comportará permanentemente como una dinamo del córtex; pues tal es su función primera, la que tiene por objeto dinamizar al ser y asegurar su motricidad.
Pero antes de llegar a ese estadio, el sujeto deberá atravesar cierto número de etapas que jalonarán su educación, su recorrido psico-sensorial. Vamos ahora a observar cómo el sujeto vive estas etapas y cómo actúan sobre su comportamiento. A fin de delimitar nuestro tema, no hablaremos más que de los efectos de la música filtrada sobre los niños aquejados de trastornos del lenguaje y con dificultades de integración familiar y escolar.
II — Los efectos de la música filtrada sobre los niños con dificultades de comunicación
Las sesiones de música filtrada se sitúan, dentro del proceso educativo, entre el periodo de memorización de la vida intrauterina y el estadio de la adquisición del lenguaje. Esta etapa de transición equivale al periodo prelingüístico del niño pequeño.
El lenguaje social es percibido por el niño que lo aborda como un elemento desconocido, un extraño que se presenta ante él y que, bajo pretexto de una supuesta evolución, lo va a obligar a abandonar el reino de la infancia para abordar el mundo de los mayores, lo cual no siempre es un buen negocio.
Tras el periodo de escucha de la voz materna filtrada, el niño está, ciertamente, lleno del deseo de abrirse y de comunicarse con el exterior, pero todavía es muy vulnerable y las sesiones de repetición de palabras y de textos corren el riesgo de fatigarlo, de irritarlo, de impresionarlo y quizá incluso de hacerlo regresar.
Por eso la programación prevé sesiones de música filtrada en ciertas circunstancias después de la voz materna o, en todo caso, sesiones de música filtrada alternadas con las de adquisición del lenguaje. Esta música debe procurar al niño el dinamismo y la relajación necesarios para permitirle dominar la agresión de la semántica oída y repetida. Desempeñará, en cierto modo, un papel de catalizador.
A la escucha de la música filtrada, el niño se va a encontrar muy apaciguado, desangustiado, y extraerá además de ella la energía necesaria para romper las resistencias, las barreras que aún lo separan de su devenir. Se observa muy a menudo que los niños esperan las sesiones de música filtrada con impaciencia.
La evolución del niño durante el periodo de educación psico-sensorial y, en particular, durante las sesiones de música filtrada es muy expresiva cuando se la observa desde el ángulo de la producción pictórica.
Al principio, el niño no tiene ganas de dibujar ni de pintar. Cuando empieza, su factura sigue siendo muy difusa; los negros y los marrones recubren a menudo los demás tonos, como para eclipsarlos. Durante la escucha de la voz materna filtrada y el parto sónico, los dibujos y las pinturas se muestran fuertemente cargados de símbolos y de memorias. Estos dibujos, a menudo atormentados y muy ricos en significación, están, la mayoría de las veces, mezclados con otros, más impersonales.
Desde las primeras sesiones de música filtrada, se constata que el dibujo se modifica sensiblemente; pierde su intensidad afectiva, su carga inconsciente. Se vuelve más claro, más ligero, a veces decorativo. Las flores, las mariposas y los pájaros son los temas observados con mayor frecuencia en los niños que dibujan elementos figurativos. Los que eligen la abstracción ejecutan ondulaciones coloreadas o bien sucesiones armoniosas de trazos.
El niño no tiene una idea precisa de lo que está creando. Su mano suelta se deja guiar por los ritmos musicales percibidos.
Conviene señalar de paso la feliz influencia de la música filtrada sobre la psicomotricidad. El niño se vuelve, en efecto, más rápido y más hábil en sus movimientos. Se asiste a una verdadera liberación de la mano y, por ello, la grafía mejora.
Se recomienda proponer a los niños hojas de grafismo durante las sesiones de música; más en particular a aquellos que están lateralizándose hacia la derecha y a los que tienen trastornos de la micromotricidad de tipo disgrafía.
La evolución de la elección de los colores en el transcurso de las sesiones de música es también muy notable de observar. Los tonos se aclaran rápidamente; el niño mezcla cada vez menos las pinturas y ya no las superpone sobre la hoja. Los dibujos son puros, armoniosos y alegres.
Parece que cuando hay despertar de una percepción sensorial hay simultáneamente animación de las otras. Tenemos aquí el caso de la apertura de la percepción visual resultante de la de la escucha.
Estudios efectuados en distintas direcciones han mostrado que la escucha de la música filtrada acrecentaba la creatividad del ser; esto es tanto más cierto si la música está preparada y emitida tal como la hemos descrito. Por la acción que ejerce sobre la zona de la membrana basilar más rica en fibras sensoriales, aumenta la energía cortical, mejora la percepción general y armoniza la imagen del cuerpo. En estas condiciones, el ser puede así expresar más fácilmente el pensamiento que lo atraviesa, bajo diversas formas de la creatividad.
¿Cómo explicar este fenómeno observado tantas veces en los niños? La música va a hacer tomar conciencia al individuo de las riquezas de las que es poseedor. Encerrado en el carrusel de sus condicionamientos, no podía abrirse al mundo exterior de un modo apaciguador. El efecto relajante de tal alimento sónico va a relajar lo suficiente al niño para que aborde esos nuevos horizontes con menos angustia. Liberado de sus inhibiciones, eufórico por la energía recientemente adquirida, será lo bastante fuerte para franquear la barrera de su yo y expresarse libremente.
Tras las sesiones de música filtrada, se constata a menudo que el niño toma decisiones importantes: hacer su lectura en voz alta, llegar a ser el primero de su clase, elegir su futura profesión, etc. La continuación de la educación, al aumentar sus autocontroles, le permitirá llevar sus decisiones a término.
Algunos niños, los más jóvenes en general, gustan de hablar, de contarse historias durante las sesiones de música filtrada. Conectamos entonces el micrófono para que pueda haber una contrarreacción audio-vocal. Niños que se caracterizan a menudo por su mutismo encuentran de pronto placer en escucharse hablar, y ese placer parece ser el único objetivo de su monólogo. La música, en parte gracias a su no-valor semántico, parece desencadenar en el niño la memorización del estadio prelingüístico.
Por otra parte, los padres nos hacen notar que el niño habla más en casa, y a veces demasiado para su gusto. Poco a poco, las reacciones de oposición a la madre constatadas durante el periodo de memorización intrauterina se atenúan y desaparecen para dejar lugar a una relación más distendida y afectuosa.
Aparece simultáneamente en el niño una tendencia cada vez más marcada a manifestar su independencia respecto al marco familiar. Los padres se sorprenden de no tener ya que pedirle que trabaje. Habiendo tomado él mismo conciencia de su cuerpo, de sus autocontroles, del papel que tiene que desempeñar en el hogar, vislumbra al fin su devenir, sabe desde entonces hacerse cargo de sí mismo.
El niño adquiere, en el espacio de algunas semanas, uno o varios años de madurez, y todos los padres son sensibles a este fenómeno; pero aún hace falta que lo acepten. Esta etapa es a menudo difícil de vivir para la madre, que ve a su «pequeño» alejarse de ella, y luego para el padre, que debe asumir desde entonces su papel de educador y de guía.
Para ayudar a los padres, y sobre todo a la madre, a soportar mejor la regresión, y luego la evolución del niño, les proponemos seguir de forma concomitante sesiones de música filtrada. Si no aceptan, les hacemos comprender que sus resistencias pueden comprometer seriamente la buena marcha de la educación de su hijo.
Tras las sesiones de música filtrada, cuando la voz del sujeto está suficientemente tonificada, controlada, timbrada, modulada, es ella la que va a convertirse en el instrumento musical destinado a dinamizarlo y a relajarlo. Entre las sesiones de palabras, de textos, de lectura y de música filtrada, escuchará y repetirá canto gregoriano. Estas melodías, como ustedes saben, son muy ricas en armónicos elevados y su ritmo ayuda a obtener cierto desacondicionamiento.
La musicoterapia abre así de par en par la puerta de la psicopedagogía futura. Pero su eficacia actual no debe hacernos olvidar que está en sus primeros balbuceos.
Los especialistas que quieran lanzarse por esta vía deben mantener sin cesar presente en la mente la idea de que el vínculo entre la música y el hombre es ante todo el oído.
Conocemos ahora la importancia de este en el control del acto de palabra y no podemos olvidar la primacía del lenguaje en la elaboración del pensamiento.
Cuando sabe ser escuchada, a nivel del oído y de todo el cuerpo así implicado, la música puede ayudar considerablemente al ser humano a encaminarse hacia el pensamiento consciente, estadio más elevado de su humanización.
Fuente: Paul Madaule, «Música y musicoterapia, música filtrada y pedagogía», comunicación en el III Congreso Internacional de audio-psico-fonología, Amberes, 1973. Transcripción a partir del facsímil (restauración digital Francis Besson, 2012).