El mito Tomatis
El mito Tomatis — M. Gomez y S. Tomkiewicz
Artículo crítico firmado por M. Gomez y S. Tomkiewicz, publicado en la revista «Neuropsychiatrie de l’enfance et de l’adolescence» (páginas 681 a 689, hacia 1980). Los autores —procedentes de la psiquiatría infantil, siendo S. Tomkiewicz una figura del sector— proponen en él una lectura francamente escéptica de la audio-psico-fonología: describen el método de Alfred Tomatis como un sistema de pensamiento para-religioso y mesiánico antes que como un saber científico, y analizan los resortes del «mito» que asegura su éxito. Pieza incorporada al expediente por afán de equilibrio documental.
El mito Tomatis
M. Gomez y S. Tomkiewicz
Resumen
A partir de un simple método de reeducación de la voz, la audio-psico-fonología, Tomatis (ORL) puso a punto un instrumento terapéutico que pretende hacerse cargo de un número creciente de cuadros patológicos, desde las afecciones físicas hasta las enfermedades mentales. Mostramos cómo las presuposiciones científicas e ideológicas que sustentan su concepción de la psicopatología, basadas en la intuición y el pensamiento mágico, no podrían constituir un modelo teórico coherente. Postulamos que el éxito de Tomatis procede de que se presenta como el hombre providencial capaz de realizar curaciones milagrosas.
El mito Tomatis (resumen inglés)
The Tomatis’ myth. — From a simple method of reeducation of the voice, the audio-psycho-phonology, Tomatis (ENT) developed a therapeutic instrument claiming to tackle an increasing number of pathological pictures from physical ailments to mental illnesses. We show how the scientific and ideological presuppositions which underlie his conception of psychopathology, based on intuition and magical thought, cannot constitute a coherent theoretical model. We assume that Tomatis’s success results from the fact that he presents himself as the providential man, capable of achieving miraculous cures.
Palabras clave: Voz - Reeducación.
«Al principio existía el oído». Así podría titularse el periplo de A. Tomatis, al término del cual el órgano de la audición alcanza una dimensión de absoluto y se convierte en una referencia última, una especie de encarnación moderna del alma. Este autor describe el oído como la sede de la conciencia, llegando incluso a evocar los «deseos perceptivos de la cóclea» [15, p. 59]. Para él, la escucha funda el género humano al permitir el acceso a la verticalidad, no siendo la propia piel más que «un trozo de oído diferenciado» [13, p. 163] que asegura la continuidad entre el oído y el resto del cuerpo. Llegado a la convicción de que el destino del hombre está ligado a su evolución auditiva, puso a punto un método, la audio-psico-fonología, que pretende hacerse cargo de un número creciente de cuadros patológicos, desde las afecciones físicas hasta las enfermedades mentales. Tras un breve recordatorio histórico y la exposición de los principios del método, intentaremos comprender qué constituye el éxito de Tomatis a través del análisis de su discurso.
Otorrinolaringólogo especializado en las sorderas profesionales, Tomatis inicia sus investigaciones en 1945 entre los obreros de los arsenales. Observa que una perturbación de la audición se acompaña comúnmente de trastornos vocales. Encuentra la misma correlación en ciertos cantantes, concluye que estos se dañan el oído al cantar, y propone una explicación que se convertirá en el «efecto Tomatis», registrado en 1947 en la Academia de Medicina por Maublanc y Husson [13, p. 107]: «La voz solo contiene lo que el oído oye» [13, p. 52]. Este «Efecto» será asimismo «registrado» en la Academia de Ciencias por Monnier y Husson (ibid.).
Habiendo constatado que, al enmascarar el oído derecho de los cantantes, provoca un ensombrecimiento del timbre, una desestructuración del ritmo del canto y un comienzo de tartamudeo, deduce que el oído derecho es director; demuestra así que el tartamudeo es la consecuencia de una escucha lateralizada a la izquierda, y crea en 1954 la «báscula» u «oído electrónico», regulado para condicionar al sujeto a escuchar a la derecha. Gracias a este invento, «al cabo de un mes, el sujeto emite horas de vocalidad progresiva» [3, n.º 1], los «tics lateralizados progresan en el oído, ¡pueden aprenderse lenguas extranjeras! El método se hace entonces cargo del disléxico, y se asiste a la eclosión de esta nueva fórmula»: «Se lee a golpes de… oído» [10].
A menudo los trabajos sobre la audición intrauterina muestran que la audición es un condicionamiento vocal,
que desde el estadio de Tomatis se realiza mediante la escucha. A la audio-psico-fonología como «un instrumento terapéutico que pretende hacerse cargo de un número creciente de cuadros patológicos, desde las afecciones físicas hasta las enfermedades mentales», y se propone hacer la reeducación a partir de los últimos progresos de la voz materna.
Luego las investigaciones toman una orientación nueva: los trastornos psicopatológicos (la dislexia, el tartamudeo y la zurdera) se atribuyen a un retraso de la madre que se traslada al hijo. La lateralización a la izquierda lo sería: es lo psíquico y lo patológico lo que se franquea. Todos los trastornos son en cierto modo la expresión de una mala escucha [13, p. 224].
Los problemas psicológicos se aprehenden como las secuelas de una desviación en la evolución auditiva ideal que conduce del universo materno al encuentro con el padre. Desde esta óptica, la psicosis está ligada a un proceso de reacondicionamiento al término del cual se supone que el sujeto accede al equilibrio psíquico, mediante una escucha ideal.
La representación del mundo de A. Tomatis
En el sistema que para Tomatis preside el destino humano, escucha y lenguaje son vistos como dos etapas de una misma evolución que conduce al ser desde su animalidad primera hasta la humanización, y la escucha es la percepción privilegiada a través de la cual se opera «la escisión de lo humano en el hombre» al ligar a este con el cosmos.
El inconsciente
A esta escucha conectada con el cosmos, vector de una elevación espiritual, se opone otra escucha que se dirige a los deseos del hombre, al animal que hay en él. Esta escisión define dos estructuras: el «Yo», a través del cual se manifiesta la conciencia, y el «Mí», o «Ego»: producto de un inconsciente al que el hombre obedece como al amo de su destino, negándose a reconocer su dependencia respecto del orden superior que ha engendrado: «Del mismo modo podríamos recordar que existen dos maneras de oír». Una apela a la conciencia y evoca ese oído que sabe percibir en el silencio y la calma serena del pensamiento sorprendido en su sueño en los confines de una comunicación intangible con la materia reducida a su límite extremo. El mismo oído llega al lenguaje de la materialidad, último vínculo con la aglomeración de energías que ella representa. La otra permanece conectada directamente con el inconsciente y la vida vegetativa del Ego» [14, p. 49].
El inconsciente es una función parasitaria, un
mito que se interpone entre el hombre y la verdad de lo cósmico hacia la cual tiende la conciencia.
Nacimiento de la patología
Desde esta óptica, la patología resulta de una irrupción del inconsciente sobre la conciencia. El cuerpo humano es en efecto una armonía funcional. Cuando hay una desviación mórbida en el seno de esa armonía, todo ocurre como si existieran discordancias de fondo que dejan elaborarse marasmos patológicos. El hombre se construye a partir de una fuente que se le vuelve un punto de anclaje: «Nacido en el borde-borde de la madre, confinado en el universo vivido de lo patológico» [11, p. 83 y 84]. La patología se asemeja a un universo de torpezas, a una regresión hacia los placeres condenables de los sentidos, mientras que el inconsciente se asimila al pecado. Estas desviaciones del proceso ideal pueden introducirse desde el estadio fetal, durante una perversión de la relación madre/hijo que no es otra cosa que la manifestación de una primera relación madre/hijo viciada: «La madre árbol de la vida se pone a convertirse, por el juego de la creatividad que se atribuye, en el árbol del conocimiento, y el fruto que lleva su fruto. He aquí, pues, la deleitación inicial» [11, p. 112].
La construcción de Tomatis se apoya en un fantasma de madre-genitora todopoderosa y fundamentalmente maléfica, de la cual el niño solo podrá ser liberado por la entrada en escena salvadora del padre: «Ella, que debía cumplir silenciosamente su acto de maternidad apaciblemente es madre por esencia maléfica, se encuentra convirtiéndose a través de este embarazo en su individualidad que vive con su feto un episodio aislado, en el seno de un grupo que los excluye. He aquí, pues, el primer lecho en el cual madre e hijo coexisten incestuosamente» [11, p. 113]. «Es en ese momento cuando se encuentra desplazado el padre solar» (ibid. p. 114).
La sexualidad adulta conservará siempre la impronta sobre el feto, y el acoplamiento sellará un reencuentro entre esos dos compañeros. «Tampoco está prohibido pensar que el niño —no tanto el feto— se encuentra desde la concepción animado por la búsqueda desesperada de volver a ser el hijo de su madre, en el acoplamiento de su mujer, mientras que esta desea inconscientemente al deseo de ser la madre de ese compañero convertido súbita y momentáneamente en el feto que se duerme en los brazos de la Mater omnipotente que da la vida» [ibid. p. 148].
A través de estos extractos, el hombre aparece escindido en dos por las fuerzas que se enfrentan en él. Una es el «empuje trascendente», que se apodera de él desde su concepción y es inmanente a su Devenir; es la apertura a la dimensión cósmica por intermedio de la conciencia.
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La otra es una voluntad perniciosa que se insinúa en él bajo la forma del inconsciente, manifestación patológica de los sentidos en tanto que solo quiere oír el goce ligado al efecto de la inscripción de los placeres reprensibles. Estamos lejos de la teoría freudiana. Y, sin embargo, Tomatis llama a las teorías psicoanalíticas en auxilio de su sistema maniqueo que intenta conciliarlas con las de la trascendencia. Le brindan la ocasión de levantar frescos poéticos, que dan cuenta del funcionamiento psíquico tan poco rigurosamente como la legitimación omnipresente, todopoderosa y casi mágica «¿Por qué no?»
Efectivamente, a partir de ahí, todo es posible, y algunas nociones dispares, tomadas de aquí y de allá, permitirán al autor confeccionar a poca costa el guion de la condición humana: tomando a lo largo de toda su exposición los modelos psicoanalíticos al pie de la letra, concienzudamente, se aplica a reencontrar en la realidad a los actores del drama edípico: el padre, a veces ora «la madre», moviéndose en «la órbita materna» el «Edipo»; la madre posesiva por esencia, la tísica «Esfinge» [11, p. 115]. Tomatis juega, pues, la herencia psicoanalítica a grandes refuerzos de ideas, retazos que manipula como artilugios. Esta digestión tranquilizadora de las teorías freudianas, lacanianas, etc. desemboca en una caricatura del hombre, marioneta agitada por los sobresaltos irrisorios de una sensualidad exacerbada. El enfermo es el producto de la ecuación: padre desplazado + madre posesiva. Reduciendo así los mecanismos psíquicos a operaciones algebraicas se puede asegurar un simulacro de dominio sobre fenómenos mal explicados, protegerse de esa locura que se teme.
Audición y psicopatología
Para Tomatis, la función auditiva se presenta como un balancín que, al someterse en uno o en otro sentido, puede hacer bascular al sujeto de la salud hacia la patología. «La escucha es solidaria de la psicología, pero no es la psicología. Paradójicamente sus direcciones varían en relación inversa: hay tantos menos problemas de psicología cuanto mayor es la escucha; y en lo absoluto, allí donde hay escucha, no hay psicología; a la inversa, cuanto más se escapa la función de escucha, más se instauran y se envalentonan los mecanismos del inconsciente, fuente inagotable de la ciencia psicológica» [14, p. 167].
A través de las etapas sucesivas del lenguaje, Tomatis ha estudiado las fallas de la comunicación que, en diferentes niveles, permiten la eclosión de la
Fase fónica
El primer lenguaje va dirigido a la madre, y prolonga el diálogo entablado con ella durante el período de gestación. «El lenguaje primero creado con destino a la madre ya no representa para ella más que ese alimento del balbuceo que da nacimiento a una resonancia coclear, mientras que está asegurado por la traducción fónica de la comunicación intra-madre» [11, p. 57].
Fase silábica
Una nueva fase es introducida por el «balbuceo», y ve manifestarse un esbozo de simetría reorientativa; existe entre los nervios recurrentes (en los cuales circula el impulso nervioso en dirección a la laringe) una diferencia de estructura en favor del nervio izquierdo. Según el autor, esta diferencia repercute en las velocidades de conducción del impulso, que llega al primer motor de la laringe derecha: el oído derecho, gracias al circuito de auto-escucha más corto hasta la laringe, queda tanto mejor informado. Por eso hay que acostumbrarse a hablar y a escuchar a la derecha (sobre la crítica teórica de esta argumentación, véase [4], p. 90). «La lateralidad es también cortical, puesto que los dos hemisferios son anatómicamente asimétricos en el plano visceral, y es ella la que va a imprimir una disimetría cortical en la aparición del lenguaje» [11, p. 91].
A partir de esta interpretación, Tomatis cree reencontrar las manifestaciones de la omnipotencia de la lateralización a través de las inflexiones del lenguaje humano: según que la primera o la segunda sílaba de una palabra esté acentuada. La dominancia se establecerá a la derecha o a la izquierda. «Los «mama» y «papa» que pronunciamos de forma silábica idéntica son por lo demás reveladores desde el punto de vista sexual. En efecto, su «mama» será «ma-má» o «má-ma», y su «papa» será «pa-pá» o «pá-pa» según describa una acentuación expresiva derecha o izquierda con voz dominante» [11, p. 91]. ¿En función de qué imperativos se decide el niño a utilizar una vía antes que la otra para lateralizarse? Es aquí donde Tomatis hace intervenir la dinámica paterna, y sienta las bases de sus teorías psicopatológicas.
Fase lingüística
El lenguaje de la fase silábica va a tener que transformarse para alcanzar al otro, dotarlo del poder del lenguaje socializado. El niño se comunica primero con su madre, y ello ya desde antes del nacimiento.
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la escucha. Cuando la madre introduzca en el embrión la noción que debe devolverla, determinará una crisis que será sentida por el propio niño: es lo que ocurre cuando la madre introduce en el embrión la noción que debe devolverla [13, p. 224 y 225].
Vemos a través de estos extractos cómo Tomatis fuerza una combinación permanente entre los dos fenómenos que describe. En un primer momento, reduce los problemas psicológicos a problemas de «comunicación», término del que hace una especie de cajón de sastre de la condición humana: en la base del deseo de comunicar, se encuentra un deseo de estar «en contacto con el otro» —el aporte de la madre» a la madre» [3, n.º 33, diciembre 72]. Luego reduce la comunicación a la dimensión de un fenómeno puramente fisiológico: la audición. Psiquismo y audición se confunden, y a partir de entonces basta con enderezar la audición… ¡para curar el psiquismo! Desde esta perspectiva, los síntomas o enfermedades más diversos, originales y cargados de comunicación, ya no son más que la falla en la comunicación madre/hijo o padre/hijo. Esta concepción del funcionamiento psíquico se apoya en una acumulación de referencias teóricas tomadas de diferentes ámbitos, como si el autor se preocupara más por convencer que por demostrar. He aquí un ejemplo de estos razonamientos: Negus constata brevemente que huevos de pájaros cantores incubados por pájaros no cantores dan pájaros cantores; André Thomas, durante el experimento del «signo de la mirada», muestra cómo un niño de menos de 10 días reacciona instintivamente a la llamada de su madre. Tomatis concluye de ello que un «condicionamiento audio-vocal ya es posible en el estadio del huevo» [3, noviembre 72]. En otra parte, le basta con aproximar el tartamudeo crónico del niño, transitorio del niño, para declarar que «el lenguaje de los tartamudos es la manifestación de una fijación infantil de orden afectivo» [13, p. 167]. Tomando también del psicoanálisis, habla de las «tres generaciones necesarias para hacer un esquizofrénico» [13, p. 219], o del «envenenamiento de ese «incesto» [13, p. 61], ese «su «papa» su «papa» según…» [13, p. 249]. En otro ámbito, se apoya en la idea de que «en todas las civilizaciones los patriarcas han sido la excepción» [3, septiembre 72] para justificar su recurso sistemático a la lateralización derecha.
Para Tomatis, la vida tiene un sentido, una finalidad inscrita de partida en el organismo, y toda intervención desafortunada de la madre, en las leyes del desarrollo psicológico: la anatomía está hecha de modo que debe conducir naturalmente al sujeto a lateralizarse a la derecha, a encontrar al padre. Esta vía es la única que conduce hacia una «normalidad» que tiene todas las apariencias de la Salvación; a falta de tomarla, el feto será tartamudo,
disléxico o esquizofrénico, hasta que el condicionamiento operado por la cura Tomatis lo devuelva al «recto» camino.
La cura
Siendo el equilibrio psíquico proporcional a las capacidades de escucha del sujeto, Tomatis ha puesto a punto un método de tratamiento basado en el condicionamiento auditivo: se trata de hacer recorrer al paciente un «itinerario sónico ideal» [13, p. 225] que comienza durante el período de gestación y que sigue las principales etapas del crecimiento. La cura se apoya esencialmente en la sensibilización a los sonidos agudos y en la adquisición de una lateralización auditiva derecha.
Las etapas de la cura
Fase de memorización intrauterina
Apunta al establecimiento de una buena relación con la madre, creando las condiciones que están en el origen de esa relación, es decir, recolocando al paciente en situación fetal mediante la audición de sonidos intrauterinos. Tomatis oye en su consulta la eclosión del deseo de comunicar.
Las primeras sesiones consisten en escuchar la voz materna «filtrada» a 8000 hercios, suprimiéndose los sonidos situados por debajo de esa frecuencia. Esta frecuencia fue determinada sumergiendo 1 micrófono y 2 altavoces en una palangana llena de agua… «Desde el comienzo de las sesiones con sonidos filtrados, el deseo de escuchar se manifiesta generalmente en todo el comportamiento del niño que se despierta, exige, quiere comunicar, se apodera de un inmenso deseo de vivir y de exteriorizarse, como si esta memorización psicoanalista sensorial le permitiera reencontrar un pasado aún virgen de todos los condicionamientos de la vida, de todas las huellas vividas» [10, p. 151].
Parto sónico
Consiste en un desfiltrado progresivo de la voz materna, de 8000 a 1000 hercios. Estas condiciones se supone que recrean el paso de la audición en medio líquido a la audición en medio aéreo. «Gracias a la electrónica, el niño podrá vivir lo que el balbuceo de algunas sesiones le devolverá crucial de esta existencia humana en el curso del cuello por el que debería haber nacido al mundo por su relación materna» [10, p. 152].
Fase prelingüística
Corresponde a los dos primeros años de la vida, y aborda la lateralización que debe llevar al niño al encuentro con el padre. Sesiones
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de «La relación materna que precedía hasta entonces era de sentido único. En adelante, va a romperse ante el deseo manifestado por el niño de entrar en comunicación con el exterior», para escapar al diálogo integrado con él, y en el paso de lo único al proceso de socialización. Desde esta perspectiva, esta fase aparece como una prolongación de la inserción social [13, p. 226].
Fase de sensibilización al lenguaje
El sujeto escucha sibilantes filtradas, con fonemas ricos en frecuencias elevadas, que repetirá luego en el curso de las sesiones activas: «tic - se - le - cette». La cura concluye con la repetición de los sonidos enteros: filtrados de 500 a 20 000 hercios, luego con la lectura de textos en voz alta. «Cuando la repetición se vuelve perfecta, se habrá terminado la primera fase; el sujeto sabe en adelante escuchar, y como su modelo permanece el que se ha grabado». Ahora bien, a partir del momento en que el disléxico lo pide, se tratará de suscitar en él la eclosión del deseo.
Por ejemplo, escucha como alguien que domina completamente los fenómenos de lectura, se atiene casi a ver al estadio evocado. Curar es llegar a «la positiva auditiva del bien-oído, en quien se ha logrado instaurar una red relacional adaptada» [13, p. 242].
Según Tomatis, los sonidos agudos dinamizan al individuo, mientras que los graves lo agotan. Aduce como prueba la distribución de las frecuencias en la cóclea: la mayor parte de las células receptoras está repartida en la zona de los sonidos agudos: 24 000, frente a apenas 2 a 3000 para los graves. Estos últimos, demasiado poco numerosos, absorben más energía de la que aportan. En cambio, los sonidos agudos producen una multitud de impulsos nerviosos que el córtex repartiría en todos los sentidos con vistas a una tonificación general.
Resultados
Ya no sería conforme nombrar «milagros» a las mejorías a granel a las que costaría encontrar una causa clínica. La curación se asemeja a un renacimiento, verdadera mutación total que adquiere valor de símbolo: es una especie de poder «cambiar de piel», después de que el paciente haya retenido en algunos «flashes» paroxísticos las etapas marcantes de su desarrollo.
Tomatis apunta a la fabricación de un hombre nuevo, o más bien, a la reconstrucción de una raza humana según el modelo altamente lingüístico: a grandes refuerzos de superlativos, nos describe el estado de beatitud casi extática que extrae de la cura y reencuentra toda la falla en la alegría y la armonía recobradas. El niño que sale de una cura
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permanece lejos la voz se señala por relaciones entre ella y su hijo que se establecen cómodamente. El niño lo tenía después, en teoría se había planteado cierto número de cosas a las que ella no estaba acostumbrada. Madre veneradora el niño entre la luz y se vuelve a sumergir contra la madre en una postura intrauterina. Luego los primeros segundos de inconsciencia teórica de una muerte a quemarropa, así se sobreañaden en nosotros, pero ciertamente no actuamos en condiciones de captarlo. Al final, vuelve a encender la luz, regresa hacia su madre y un abotonar es sus horas. Esta conducta siendo simbólica. Era un juego de auto-referido detrás de él una pieza que él habría debido crear sus huellas —vea, ma-madre dice, ¡se trata de parto! El amor no habría pensado que pudiera ir tan rápido… [3, n.º 33, diciembre 1972].
Primera experiencia de parto sónico
Tomatis filtró la voz de la mujer de un amigo suyo para reproducir el universo acústico intrauterino. Hace venir a este acompañado de su niñita, para juzgar el resultado:
«No nos cansábamos de oír esos ruidos tan fluidos, esa ligereza sonora que correspondía a la información acústica percibida por el feto humano. Luego decidí revelarle lo que yo creía ser el parto sónico. Y
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de pronto una voz se alzó en la habitación. Era la niñita que estaba a la escucha) de quien habíamos olvidado por completo la presencia y que se señalaba a nuestra atención de manera digna de un guion de película fantástica: “veo dentro de un túnel, decía. Veo dos ángeles en el túnel, ¡dos ángeles vestidos de blanco!”
Continué en ese tono, desarrollando un verdadero sueño despierto. Bruscamente, la explicación se impuso: la niña estaba reviviendo su propio nacimiento. Era como si se encontrara en el conducto uterino (el túnel) y viera al médico y a la comadrona en sus batas blancas (los dos ángeles).
La niña continuaba, pues, relatándonos el periplo que estaba recorriendo. Al cabo de unos minutos, ninguna duda: por fin exclamó: ¡ahora veo a mamá! Esta vez, ya no había duda posible […]
Lo que había ocurrido no tenía en realidad nada de misterioso. Manipulando el equipo, acababa, pues, de hacer revivir a la niña las condiciones de su nacimiento y realicé así lo que más tarde habría de denominar el parto sónico, es decir, el paso de la audición líquida (la escucha del feto) a la audición aérea (la escucha del lactante)» [13, p. 201 a 203].
Anexos
Parto sónico y esquizofrenia
Prueba iniciada por Tomatis con un niño esquizofrénico que es curado por F. Debré. Durante una primera sesión, le hace oír la voz materna filtrada a 8000 hercios: «aún no quería realmente hablarle, sino simplemente hacer oír sonidos filtrados, semejantes a las impresiones acústicas que el feto puede tener en medio uterino.
El niño dejó bruscamente de llorar, como a la escucha, para apagar la luz. Ya no sabíamos más que una sombra se apoderaba a la débil claridad de las luces piloto de los aparatos. A decir verdad, precipitado hacia la penumbra, instalado sobre mis rodillas con en torno a él los brazos de esa mujer y comenzó a apretar el suyo propio; puede decirse que se había recolocado en el vientre de su madre. Se recolocaba, pero se trataba desde entonces de una decena de años, soñaba después con ella como si ya no la conociera. Terminada la cinta, se levantó, volvió a encender la sesión terminó feliz.
Ocho días más tarde nos dimos cita, esta vez para practicar el parto sónico mismo. Al
El mito Tomatis (resumen alemán)
A partir de un simple método de rehabilitación de la voz, la audio-psico-fonología, Tomatis (un médico ORL) desarrolló un instrumento terapéutico que supuestamente podría tratar un número creciente de cuadros patológicos, desde las enfermedades físicas hasta las enfermedades mentales. Podemos demostrar cómo las presuposiciones científicas e ideológicas que subyacen a su concepción de la psicopatología reposan sobre la intuición y el pensamiento mágico y no constituyen un modelo teórico coherente. Suponemos que el éxito de Tomatis reposa en que se presenta como el hombre de la providencia, capaz de obrar curaciones milagrosas.
El mito Tomatis
A partir de una sencilla técnica de reeducación de la voz, la audio-psico-fonología, Tomatis (ORL) puso a punto un instrumento terapéutico que pretende hacerse cargo de un número creciente de cuadros patológicos, desde las afecciones físicas hasta las enfermedades mentales. Los autores muestran cómo las presuposiciones científicas e ideológicas subtendiendo su concepción de la psicopatología, basadas sobre la intuición y el pensamiento mágico, no pueden constituir un modelo teórico coherente. Los autores postulan que el éxito de Tomatis procede de que se presenta como el hombre providencial capaz de realizar curaciones milagrosas.
Referencias
- Barthes R. — Mythologies. Seuil, 1957.
- Canguilhem G. — Une pédagogie de la guérison est-elle possible ? Nouv. Rev. Psychanalyse, 1978, n° 17.
- Gribier A. — Entretiens avec A. Tomatis parus dans la revue Son Magazine (septembre 1972 à juin 1974).
- Gomez M. — Approche critique de l’audio-psycho-phonologie. Tesis de maestría defendida en la universidad de París VIII bajo la dirección de S. Tomkiewicz, París, 1979.
- Hochmann J. — Pour une psychiatrie communautaire. Paris, Seuil, 1971.
- Melado P. — L’audio-psycho-phonologie au service des chanteurs et des musiciens. Folleto distribuido por la asociación internacional de audio-psico-fonología.
- Pages M. — Le « nouvelle relation : la psychothérapie ». Le Monde, 30 septembre 1979.
- Pontalis J.B. — S. Ferenczi « … sans croire en… ». Nouv. Rev. Psychanalyse, 1978, n° 18.
- Rosolato G. — La scission que porte l’incroyable. Nouv. Rev. Psychanalyse, 1978, n° 18.
- Tomatis A. — Éducation et dyslexie. Paris, ESF, 1978.
- Tomatis A. — La libération d’Œdipe. Paris, ESF, 1975.
- Tomatis A. — Oreille et langage. Paris, Seuil, 1978.
- Tomatis A. — L’oreille et la vie. Paris, Laffont, 1977.
- Tomatis A. — Vers l’écoute humaine, tome I. Paris, ESF, 1974.
- Tomatis A. — Vers l’écoute humaine, tome II. Paris, ESF, 1974.
Hoy: lo que dice la ciencia
El artículo de Gomez y Tomkiewicz es una embestida polémica, escrita hacia 1980, que apunta menos a poner a prueba el método que a desmontar su armazón ideológico —de ahí su veredicto de «pensamiento mágico». Cuarenta y cinco años más tarde, se puede separar lo que pertenece a la retórica de Tomatis (el oído «sede del alma», la madre «maléfica», el «padre solar») de lo que constituye afirmaciones efectivamente verificables. En el primer registro, no hay nada que arbitrar: ninguna ciencia concede estatuto empírico a esos frescos metafísicos. Pero el texto recoge también tesis precisas —el oído dirige la voz, el oído derecho «director», la audición fetal de la voz materna, la cura por filtrado sonoro— que sí pueden confrontarse con los datos recientes.
El acoplamiento audición-fonación está confirmado en su principio: la producción vocal depende de un control auditivo permanente (retroalimentación auditiva), hasta el punto de que alterar artificialmente lo que uno se oye decir perturba inmediatamente el habla —es el mecanismo del tartamudeo inducido por retroalimentación diferida, conocido desde hace tiempo. La fórmula «la voz solo contiene lo que el oído oye» capta, pues, una intuición real. En cambio, el «efecto Tomatis» como ley fisiológica patentada, y sobre todo la idea de que se podría reprogramar duraderamente la voz o el lenguaje «reeducando» la escucha, siguen no demostrados: el bucle audio-fonatorio existe, pero nada establece que se lo «corrija» mediante los ejercicios del oído electrónico.
La lateralización para el lenguaje está parcialmente confirmada, muy matizada. Existe en efecto una ventaja del oído derecho en escucha dicótica, reflejo de la dominancia hemisférica izquierda para el lenguaje en cerca del 80 % de las personas —un hecho robusto de la neuropsicología. Pero esta ventaja es estadística, no universal, y depende del nivel de análisis lingüístico solicitado: no se trata de un «oído director» que habría que imponer a todos. La deducción de Tomatis —tartamudeo, dislexia e incluso esquizofrenia causados por una «escucha lateralizada a la izquierda» que se curaría condicionando al sujeto «a la derecha»— está contradicha: ni el tartamudeo ni la dislexia se reducen a un defecto de lateralidad auditiva, y hacer oír a alguien «a la derecha» no es un tratamiento reconocido. Hay que mantener aquí la distinción que Tomatis difumina permanentemente: escuchar (acto atencional, activo) no es oír (recepción sensorial, pasiva); ahora bien, su cura pretende actuar sobre la escucha manipulando el oír.
La audición fetal de la voz materna, durante mucho tiempo tenida por fantasiosa, está hoy confirmada —pero de una manera que contradice la fisiología inventada por Tomatis. El feto oye efectivamente la voz de su madre y la reconoce desde las 33-34 semanas, y la exposición prenatal al habla modula la codificación neuronal de los sonidos en el recién nacido. No obstante, el útero se comporta como un filtro paso-bajo: atenúa unos 30 dB las frecuencias por encima de 600 a 1000 Hz, y son las componentes graves (prosodia, ritmo) las que llegan al feto. Tomatis, por su parte, filtraba la voz materna «a 8000 hercios» suprimiendo los graves para «recrear» el medio intrauterino: reconstituyó, pues, lo inverso del entorno acústico real. Del mismo modo, su corolario según el cual los sonidos agudos «dinamizarían» y los graves «agotarían» —argumentado mediante un recuento aproximado de las células cocleares— no corresponde a ningún dato de audiología.
Queda lo esencial: ¿cura la cura? Aquí el veredicto es claro y desfavorable. La revisión sistemática Cochrane sobre el entrenamiento auditivo y las terapias sonoras en el autismo —que incluye explícitamente un ensayo controlado del método Tomatis— concluye la ausencia de prueba de eficacia, sobre ensayos poco numerosos y de pequeño tamaño. Las autoridades sanitarias francesas sitúan desde siempre la audio-psico-fonología entre las medicinas alternativas que no deberían promoverse, y el método está abiertamente clasificado como pseudociencia. Algunos trabajos recientes refieren mejorías en niños autistas o disléxicos, pero adolecen de debilidades metodológicas —muestras reducidas, controles insuficientes, mediciones heterogéneas— que impiden ver en ellos una demostración; el propio Tomatis lamentaba no haber aportado más pruebas estadísticas. En suma, la crítica de 1980 acertaba en el fondo: el valor de una intuición de partida (el oído importa para el lenguaje, la voz materna cuenta antes del nacimiento) nunca se convirtió en prueba clínica del dispositivo terapéutico que se reclama de ella.
Fuentes
- Entrenamiento de integración auditiva y otras terapias sonoras para los trastornos del espectro autista (TEA) — revisión sistemática Cochrane (PubMed)
- Alfred Tomatis — estatuto científico y clasificación del método (Wikipedia)
- The right ear advantage revisited: speech lateralisation in dichotic listening (PubMed)
- Neurophysiological Evaluation of Right-Ear Advantage During Dichotic Listening (Frontiers in Psychology, 2021)
- Exposure to bilingual or monolingual maternal speech during pregnancy affects the neurophysiological encoding of speech sounds in neonates (Frontiers in Human Neuroscience, 2024)
- Mom’s voice boosts language-center development in preemies’ brains (Stanford Medicine, 2025)
- Development of fetal hearing (PMC / NIH)
NEUROPSYCHIATRIE DE L’ENFANCE ET DE L’ADOLESCENCE
NEUROPSYCHIATRIE DE L’ENFANCE ET DE L’ADOLESCENCE
Fuente: M. Gomez y S. Tomkiewicz, «Le mythe Tomatis», Neuropsychiatrie de l’enfance et de l’adolescence, p. 681-689 (hacia 1980). Transcripción a partir del facsímil (escaneo sin capa de texto, OCR por visión). Al estar el escaneo fuertemente degradado, algunas porciones se restituyeron lo más aproximadamente posible; los pasajes que quedaron inciertos se señalan en el texto.